02.- ¡No Pienses!


Vamos empezando por el principio. Decía yo la semana pasada que resulta cuando menos curioso que los Occidentales nos hayamos afiliado acríticamente a la receta de que no pensar es sinónimo de iluminación, paz mental y/o creatividad.

Digo, después de todo, somos parte de una tradición que por más de 25 siglos ha definido al hombre como el animal racional (zoon logon) o, lo que es lo mismo, el animal que piensa.

Así que antes de obedecer a todas esas voces que ordenan bajarle el switch a la mente para encontrar la paz, la iluminación o la originalidad, pongamos la mente a trabajar dos minutos. Ya si después decidimos apagar la creación más sofisticada de la Naturaleza, por lo menos nuestro cerebro no morirá sin estrenar.

La pregunta que se impone preguntar antes de sentarnos a contemplar nuestro ombligo y escuchar nuestra respiración es esta: si no pensar es esencial para remediar nuestra ansiedad existencial y hacernos felices, ¿por qué el Universo (Dios, la Evolución, la Naturaleza o como tú lo llames) se molestó en dotarnos con un cerebro diseñado para pensar? ¿No te resulta paradójico que mientras a todas las demás especies se les dio lo que necesitaban para prosperar, a los humanos nos hayan puesto piedritas en el camino? ¿No que éramos la especie favorita de Dios, la máxima atracción del Zoológico de Yahvé?

El buen Aristóteles alguna vez escribió: “la Naturaleza no hace nada sin un propósito”. Es decir, que las aves tengan alas tiene el propósito de hacerlas volar, que las hormigas tengan antenas tiene el propósito de ayudarlas a orientarse, que los lobos tengan un magnífico sentido del olfato tiene el propósito de ayudarles a sobrevivir. Cada de una de estas características hace viable a la especie y le permite alcanzar la plenitud de su naturaleza.

Entonces, ¿por qué afirmar que el cerebro humano es diferente? ¿Por qué creer que lejos de ayudarnos a vivir bien, el cerebro es la única creación de la Naturaleza que obstaculiza la plenitud de sus poseedores?

Y es que si hemos de creer a los logofóbos (enemigos del pensamiento) que circulan por ahí, Dios, la Naturaleza, el Cosmos o la Evolución nos han dado un cerebro para hacernos los seres más infelices del Universo. Según esta postura -que es la que subyace a todo el movimiento logofóbico- el cerebro es una maldición.

De ahí que según ellos, no tengamos más que dos opciones: o seguimos usando el cerebro a costa de nuestra felicidad, o invertimos la creación más increíble de la Naturaleza -333 cm cúbicos de materia gris con capacidad de triplicarse a los tres años de nuestro nacimiento para albergar 100 billones de neuronas, cada una con capacidad para desarrollar 20 mil dendritas o conexiones- en repetir mantras y balbucear Oms noche y día.

Yo no sé ustedes pero a mi esta disyuntiva no me da ni poquita paz mental ni me acerca lo más mínimo a la felicidad. Antes bien, tan obsceno desperdicio de materia neuronal lo único que me produce es insomnio.

En mi humilde opinión la ecuación “No pensar = Paz existencial” está trucada, mal planteada y peor resuelta. Y no importa qué gurú la recomiende, no estoy dispuesta a apagar mi cerebro y entregarme a los deliquios de escuchar mi respiración.

Para mí, el humano es un ser pensante y debe buscar su plenitud existencial (paz mental incluida) dentro de su naturaleza racional. Después de todo, eso es lo que predican las filosofías orientales: lo que es, es.

Así que para ser congruentes con esta aceptación radical de la realidad, quizá debamos considerar emplear nuestro limitado tiempo e ingente potencial mental buscando caminos hacia la plenitud que requieran el uso de nuestros cerebros en vez de intentar aturdir la neurona con cánticos y mantras.

Digo, a fin de cuentas, si algo nos enseñó Freud sobre las funciones de la mente es que entre más nos esforzamos en reprimir nuestros instintos naturales, más obsesivos se vuelven. Tratar de obliterar la mente toma el mismo esfuerzo que aprender a pensar. Así que ¿por qué no trabajar con lo que somos en vez de ir a contracorriente de nuestra naturaleza pensante? ¿Por qué no pensar que si Dios, la Evolución o el Cosmos nos dieron cerebro no es por azar o por maldición, sino con el propósito de que busquemos con él y a través de él, las más altas cotas de felicidad y plenitud existencial?

Si mantenemos una mente abierta a la posibilidad de que pueda haber un camino más acorde a nuestra naturaleza pensante para llegar a la plenitud existencial, quizá hasta lleguemos a darnos cuenta que toda la campaña contra la mente deriva de un malentendido (cartesiano) de lo que es el pensamiento y los resultados que puede obtener.

2 comentarios en “02.- ¡No Pienses!

  1. Yo no encuentro tan mal la idea de tranquilizar o “poner a descanzar” un rato el cerebro. Tanto el cuerpo humano como los organos que lo integran, requieren de un descanzo para poder funcionar de manera adecuada y mantenerse sanos. Asi pues considero que la practica del yoga o de algun tipo de meditacion, en vez de atrofiar el cerebro, le permite un espacio para relajarse, para apartarse por un momento del alud de estimulos al que es sometido todo el dia. Coincido con la idea de que el ser humano es un ser pensante y que debe buscar su plenitud existencial dentro de su naturaleza racional como tu dices, pero no encuentro oposicion con la practica de alguna tecnica de relajacion. Al contrario, creo que le ayuda al cerebro a hacer mejor su funcion de pensar.

    1. Hola Silvia,
      Gracias por el comentario. En efecto, no tiene nada de malo dejar el cerebro descansar un rato y/o practicar una forma de meditación como relajamiento. Aunque en lo particular, como verás conforme avancemos, no encuentro nada más refrescante y relajador que pensar, el problema al que me refiero cuando combato la mentalidad del No Pienses!! es cuando hacemos de meditar o dejar de pensar una forma de vida (que es a lo que le tiran las religiones orientales) y no cuando lo hacemos un ratito. Saludox!

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