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03.- Todo es Pensamiento


Dicen por ahí que una mente totalmente abierta es una mente totalmente vacía (¡estaba tan, pero tan abierta que se le salió todo!). De ahí que no pida a estas alturas que nadie me crea. Soy alérgica a la fe. Lo que si pido es que pensemos críticamente (después de todo, ese es el Tao de la Mente Occidental que estamos explorando). Así que seamos escépticos y miremos a nuestro alrededor. ¿Cómo creer que el pensamiento puede llevarnos a la paz si los resultados del Pensamiento Occidental están a la vista y no son nada halagadores?

Miseria. Desigualdad. Injusticia. Destrucción Ambiental. Consumismo. Ambición desmedida. Competencia despiadada. Falta de solidaridad. Explotación irracional de recursos naturales. Prostitución infantil y ese largo etcétera de maldades que los gurús logofóbicos denuncian desde sus púlpitos.

Lo que es, es y no hay forma de negar que estos males salieron del Pensamiento Occidental. Así que no resulta extraño que muchos se hayan desilusionado de la mente y busquen en las filosofías orientales, las religiones monoteístas, el romanticismo ecológico o las drogas, una panacea para dejar de pensar.

El problema con este punto de vista es que la mayoría de quienes lo sostienen –sacerdotes, conservadores, ecologistas, poetas, padres y maestros preocupados, chavos espontáneos- padecen de una muy conveniente amnesia selectiva, pues si bien es cierto que todos estos males los ha destilado la mente occidental, no es menos cierto que esa misma mente occidental ha producido verdaderas maravillas.

Escrituras sagradas. Organizaciones filantrópicas. Filosofías éticas. Sinfonías y sonatas. Sistemas de justicia. Museos, iglesias, iPads. Movimientos ecologistas. Descubrimientos científicos. Naves espaciales. Curas a enfermedades mortales. Luz eléctrica. Teoremas matemáticos.

Lo que los enfermos de amnesia selectiva olvidan es que estas cosas –que ellos atribuyen a una realidad superior no racional (Dios, las Musas, los ángeles, el corazón)- son en realidad productos de la mente humana.

A estos amnésicos les pasa de noche la moraleja de aquella fábula de Esopo donde cuenta que un día su amo lo mandó al mercado a traer “lo mejor del mundo”. Esopo regresó con una lengua pues, le explicó a su amo, la lengua es lo mejor del mundo: nos ayuda a entendernos con los demás, nos permite comunicar la verdad y expresar nuestras razones. Es el instrumento del amor y de la poesía. Nos permite decir “si” y “te amo” y “Dios”.

Encantado con la sabiduría de su esclavo, el amo envío a Esopo de vuelta al mercado a traerle “lo peor del mundo”. Y Esopo regresó con una lengua. “¿Cómo –preguntó el amo enojado- puede ser la lengua lo peor del mundo, si hace rato me dijiste que era lo mejor?” Y Esopo contestó: ¿Qué puede ser peor que la lengua? Ella es el instrumento del engaño, del insulto, de la mentira, de la seducción y la corrupción. La lengua genera malentendidos, destruye la armonía, conduce a la guerra. Con ella decimos “no”, “te odio” y “no me importas”.

Ahora bien, lo que mueve a la lengua hacia cualquiera de estos extremos es la mente. Así que Esopo bien pudo haber regresado del mercado con un cerebro. Y esto es lo que deliberadamente ignoran quienes hacen de la mente la causa de todos nuestros males pero se niegan a darle crédito por las grandes nociones que han salido de ella.

Porque si somos honestos tendremos que aceptar que la lista de las cosas positivas que ha creado la mente occidental es tan larga –o quizá más- que la lista de las cosas negativas que ha generado. No puede ser de otra manera ya que la única realidad que los humanos conocemos y conoceremos es la realidad filtrada por la mente.

En esto Oriente y Occidente concuerdan: todo lo que somos, todo lo que creemos y todo lo que experimentamos es resultado de nuestros pensamientos (¿qué otra cosa es el Karma?).

Si el Buda dejó su palacio para encontrar la Iluminación es porque pensó que ese era el camino correcto. Si Cristo decidió sufrir para redimir los pecados de la humanidad es porque pensó que muriendo en la cruz lograría su cometido. Si hoy miles de personas trabajan para aliviar la miseria ajena es porque piensan que eso es lo que les toca hacer. Si hoy muchos se unen a causas ecológicas y filantrópicas diversas es porque piensan que algo debemos hacer para detener la miseria y destrucción que hemos causado en el mundo.

Todo lo que hacemos es la conclusión práctica de nuestros pensamientos. Como los maestros taoístas y los filósofos griegos bien sabían: todas nuestras actividades surgen del estado de nuestra mente. La praxis (acción), decía Aristóteles, sigue a la phrónesis (conclusión práctica). O, dicho en términos taoístas, el Ch’i (la energía) sigue al Shen (mente). Un pensamiento destructivo llevará a acciones destructivas, un pensamiento constructivo a acciones constructivas. La solución no es apagar el cerebro sino aprenderlo a utilizar. Así de fácil.

Nos vemos la semana que viene: en el ínter: ¡por favor, no apagues tu cerebro! Si hoy día somos viables como especie es por nuestra capacidad de pensar y si hemos de enfrentar los grandes retos del planeta nuestra más fundada esperanza radica en desarrollar todo nuestro potencial racional.