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05. Mito # 1: El Mono Enjaulado


La primera objeción que se topa uno al defender la idea de una vida plena basada en el disfrute neuronal es aquella que supone que el monologo mental que traemos dentro las 24/7 es pensamiento. Con la pena de tener que informarles, pero ese “tengo que ir por los niños, que no se me olvide comprar pan, hoy en la noche tengo que hacer las cuentas de la semana, ahí viene fulanita que me cae gordísima porque le bajó el marido a mi comadre” y esa incesante marejada de sandeces que producimos los humanos a la velocidad de la luz NO ES PENSAMIENTO.

Tristemente, de aquí deriva el mayor de todos los malentendidos sobre el uso del cerebro pues, -a falta de un término para designar esa actividad mental espontánea y agotadora- se le ha designado “pensamiento”. De hecho, los Budistas tienen una metáfora para ese agobiante ir y venir de la mente: le llaman el mono enjaulado. Y así  como los changos del zoológico que todo el día brincan de barra en barra y al final del día, agotados, no han llegado a ningún lado, así -dicen- es el pensamiento.

Lo que se les escapa a los budistas occidentales (porque se me hace que los budistas orientales si lo tienen claro) es aquello que Ralph Waldo Emerson sabía muy bien: que el verdadero pensamiento no es algo que nos “pase” sin esfuerzo mientras hacemos otras dieciocho cosas. No, al verdadero pensamiento -decía Emerson- es preciso dedicarle tiempo en silencio y soledad, pues “es una de las cosas más difíciles (y más gloriosas) del Universo” (Society and solitude).

Entonces, si el run-run mental que traemos dentro no es pensamiento, ¿qué es?

Heidegger le llama el remolino de la mente y lo define como “esa actividad mental inútil que incluye el chisme, la especulación ociosa y la interminable lista de pendientes” (oh, oh, esto se aproxima peligrosamente a nuestro concepto de pensamiento, ¿o no?). Y estas tres actividades dice el filósofo de Messkirch no sólo no son pensamiento, sino que son el antídoto perfecto contra el pensamiento (al que se podría agregar el radio, la navegación internética y la TV).

Definido brevemente, el chisme -según Heidegger (y yo, como el buzo, me sumo)- es un intercambio superficial de conjeturas sobre la vida de los demás: ¿Ya viste que Chuchita se casó con Paquito? Ay si, el vestido no solo estaba horrible sino que me dijo la amiga de una cuñada que conoce a un amigo de la familia del novio (¿así o más fidedigna la fuente?) que ella estaba embarazada de otro… (Nota de la editora: dicen por ahí que el chisme es tan popular debido a que cuando la gente no piensa no tiene nada más de qué hablar que no sea la vida de los otros).

La especulación ociosa por su parte, nace de la obligación de mantenernos al tanto de una serie de temas irrelevantes, de rápida caducidad elegidos por otros (los medios, las celebridades, la high) para “estar in”. O, como quien dice, se trata de hablar de lo que todo mundo habla… con el pequeño detalle de que se trata de cosas sobre las que nadie reflexiona antes de hablar (la política, la moda, la boda real, etc, etc y etccccc).

Y la joya de la corona del anti-pensamiento es el activismo de los pendientes que, según Heidegger es un intento para calmar la ansiedad existencial que nos produce nuestro estilo de vida (basado en las dos actividades infraneuronales antes mencionadas) a través de un montón de actividades y hobbies a los que nunca les dedicamos suficiente tiempo y/o atención (los queremos hacer al multitasking y al garete porque, como el conejo de Alicia, siempre vamos tarde).

Estas tres actividades del cerebro se reflejan en una mente y estilo de vida turbios; una condición muy posmoderna que Heidegger describe como estar atrapados en el “remolino mental”: vernos absorbidos por una serie de actividades que nos extenúan y no nos llevan a ningún lado (Ser y Tiempo, Parte I, ¶167-180). Y este remolino mental es precisamente el mono enjaulado de los budistas. Pero, con la pena de contradecir al Dalai Lama y a sus seguidores, eso NO ES PENSAMIENTO.

De hecho, los budistas tienen razón al querer narcotizar al mono enjaulado a base de Oms, pero se equivocan al creer que ese rotundo desperdicio del sofisticadísimo hardware que los humanos tenemos entre ceja y oreja es lo máximo a lo que puede aspirar la mente racional. De ahí que la receta oriental de apagar el cerebro no sea, ni por mucho, la solución a nuestros males (y no lo digo yo sino los historiadores de la ideas: el 99.99% de los adelantos que han traído una mejora sustancial a la calidad de vida y longevidad humana -medicina, higiene, tecnología- han salido de las pocas mentes Occidentales que se han dedicado a pensar).

Con la pena, pero apagar el cerebro porque la mayoría de nosotros no sabe cómo usarlo equivaldría a querer tirar el refrigerador a la basura porque se nos echó a perder un litro de leche. Más bien lo que hay que hacer tan pronto como sea posible es conectar el refri y poner la temperatura al máximo para evitar que se nos enrancien las ideas. Y no estaría de más cambiar de proveedores mentales para evitar estar refrigerando puro chisme, especulación barata y el agobiante bla, bla, bla de los pendientes. Porque una cosa es tan cierta del cerebro como del refri: si le metes basura, basura saldrá (nomás poquito más fría).

3 comentarios en “05. Mito # 1: El Mono Enjaulado

  1. Hola sensei, por supuesto que el homínido cree que piensa pero lo piensa mal.Ademasen pobre mono enjaulado lo esta porque alguien (homínido) lo enjaulo y no porque como lo hace el racional, se enjaula solo. Unrespeto para los monos.

  2. Como dices, muchas veces he pensado en mi cerebro como ese refrigerador y quiero tirarlo a la basura, imagino la loca idea de que por qué no tengo un interruptor para apagarlo aunque sea un momento y que deje de agobiarme, además de todo el día, también por las noches y me permita dormir. Literalmente me siento atrapada en el remolino mental. Pero por otro lado me ayuda mucho y también lo quiero. Por eso lo que dices me interesa muchísimo, ya que el único camino que yo había encontrado para reducir un poco la velocidad del remolino es la práctica de yoga. En tu cuarto artículo escribiste algo que me gustó “el pensamiento genuino tiene el mismo potencial de transformar positivamente nuestra existencia que la contemplación, la oración, la meditación o la poesía” y “el uso del pensamiento puede ser una experiencia tan maravillosa, iluminadora y transformativa”. Por favor, no tardes en escribir el manual de operación del refri.

  3. Me gusta mucho la visión de pensamiento que presentas, porque como habíamos comentado lo del budismo es harto complicado sobretodo para un occidental y para alguien que pertenece al grupo de los no alinéados tu definición es alentadora, aunque debo de confesar que de toda la basura y distractores mentales, el internet en mi caso es el ganón, total que éste vicio es difícil de quitar.

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