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FIL, Cultura y Sífilis


Yo no sé a mis dos lectores pero antes de que fuera el éxito comercial que hoy es, a mí solía gustarme la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Echarme un clavado en sus pasillos y ver qué novedades traían los libreros era el rito inaugural de esa larga temporada de vacación neuronal que para la raza azteca inicia al despuntar Diciembre al grito de “ya se nos fue el año, compadre!”

Como a los diputados, algo nos dice que a estas alturas, lo mejor es ahorrar nuestras energías para entregarlas íntegras a la maratón de festejos navideños, despilfarros desmedidos y decorados de temporada, posponiendo cualquier trabajo neuronal pa’ cuando “caliente” el año que entra.

Quizá por que en Diciembre hiberna la neurona, la FIL se ha convertido en el más improbable éxito en una tierra donde las letras más vendidas suelen ser las del TV Novelas. el Libro Vaquero y el Hola!

Digo, resulta innegable que de unos años para acá asistir a la FIL es una experiencia muy similar a ir de shopping en EU durante el llamado Black Friday (mismo que acá copiamos como Buen Fin). Y no precisamente por las gangas, sino porque llegar a la Expo y merodear por los pasillos de la FIL es como encarar el partido de ida de la Liguilla de compras Navideña: una pesadilla consumista de la que uno sale más pobre, más magullado, más atarantado y no necesariamente más ilustrado que cuando entró.

Según mis dos o tres amistades de la “high neuronal”, ello se debe a los magnánimos esfuerzos de ese promotor cultural (ruega por nosotros), paladín de las letras (ruega por nosotros) y hombre del Renacimiento (ruega por nosotros) que es Raúl Padilla.

Ante tal carretada de loas y aplausos yo, que gracias a las canas de mi copete, al Tao y a Heidegger voy aprendiendo a evitar polémicas inútiles (y la gran mayoría lo son como demostrarán de sobra las próximas elecciones donde polémicos políticos de todos sabores y colores nos volverán a prometer reformas estructurales que -a la hora de la hora- no llegarán ni a remodelación barata) tristemente veo que hasta mis amigos más “léidos y escribéidos” les pasa de noche que un promotor de espectáculos (tipo P.T. Barnum o Raúl Padilla) no es un promotor de la cultura.

Por mucha crema que los Padillófilos locales le echen al taco, en este mundo no hay promotores culturales porque cada quien promueve su propia cultura en la medida en que se deja conmover o inspirar por lo que sucede en su entorno.

Lo que entre tanto elogio exagerado y norteado ósculo en el trasero udegeísta hemos olvidado es que la cultura no es un show, ni un libro, ni una exposición o feria.

Cultura no es atiborrarse de experiencias ajenas y formarse dos horas para presumir el libro autografiado (y nunca leído) de esta o aquella luminaria literaria.

Cultura no es comprar libros de adorno o asistir a una conferencia donde se supone que por ósmosis se nos va a “pegar” lo intelectual.

Con la pena, pero la cultura no  opera como la sífilis o la gripe: no es contagiosa, no se “pega”.

Bien entendida, la cultura –que etimológicamente deriva de culto y cultivo- es la disposición de convertir nuestra intimidad en terreno fértil donde pueda crecer y prosperar todo lo noble y bello que uno ve, oye, piensa o lee.

Cultura es incorporar –en su sentido original de hacer cuerpo, hacer vida- lo leído para que las letras dejen de ser trazos de tinta en un trozo de papel y se conviertan en formas de relacionarnos con el mundo.

Y aquí es donde los tapatíos en particular y la FIL en general tronamos como cuete de feria.

No sólo porque en los pasillos de la FIL las bellas y nobles producciones del espíritu humano han dejado su lugar a lo vulgar y a lo político (las Profecías Mayas del 2012, llévelas, llévelas antes de que se acabe el mundo!!!) sino, sobre todo, porque encandilados por la publicidad ni siquiera llegamos a sospechar que la peor temporada del año para una fiesta verdaderamente cultural es esta (entre otras cosas porque se nos atraviesa la mayor fiesta comercial del año).

Como bien dice Joseph Leclerc en su clásico “Elogio de la Pereza”: para que esa maravilla que es la cultura opere un cambio entre la ceja y la oreja de un ser humano, se necesita lo que en esta época pre-navideña más escasea: soledad, reposo y silencio (o sea, apaguen a Alvin y sus Villancicos, porlo que más quieran!).

Sin esta disposición de ánimo hospitalaria, atenta y sosegada así asistamos a todos los eventos de la FIL cual burros desmecatados en bufete de hierbas finas, seguiremos siendo incultos. Porque la verdadera cultura (lo mismo que su prima hermana, la verdadera amistad) es refractaria a la prisa, al frenesí del consumo y al ansia de novedades que nos aqueja en este siglo (y época).

Quizá por eso, más que loar la cantidad de libros que intercambian manos en la FIL, habría que hablar de la vida serena pues ésta –y no la FIL- si resulta indispensable para que los libros cumplan su verdadera función que no es otra que la de ser semillas que, depositadas en el terreno fértil de la mente y cuidadas con la paciencia del labrador, germinan como cultura y se cosechan como regocijo vital.

Afortunadamente para quienes preferimos emplear nuestro tiempo en leer libros y no en comprarlos (y nos importan más las ideas que el olor del papel), ya existe el Kindle, los iBooks, y un sinfín de dispositivos que los 365 días del año nos dan acceso a lo más granado de la producción editorial internacional sin tanto escándalo (¡y sin talar arbolitos!).

3 comentarios en “FIL, Cultura y Sífilis

  1. Te confieso Caludia que he sido un fan incurable de la FIL. Creo que hasta hace poco había tratado de encontrar en alguno de los cuasi-infinitos estantes de los libreros algún libro en donde descubriera por fin la Verdad Total (en lugar de querer ser totalmente palacio quería ser totalmente sabio-ja). Aunque tengo algunas sospechas bien fundadas de que esto equivale a un cierto tipo de obsesión o de plano vil locura, el hábito de ir a la FIL no se me ha quitado del todo. Este año sólo fui algunas veces para descubrir con más claridad lo que comentas: que más parece un mercado de chucherías que un escenario para el cultivo del alma. Tal vez este descubrimiento haya sido forzado también por la dificultad para adquirir algunas de las joyas literirarias que aparecen de vez en vez -en todos los ámbitos- y que dada mi condición económica actual no he podido adquirir (“no es que esté caro, es que no me alcanza para comprarlo”). La reflexión que haces me reconforta de algún modo y me prepara -espero- para dirigir mis energías a la lectura de los buenos libros y ver a la FIl con otros ojos (con una mirada Heideggeriana o “ruizeñora”) y orientarme más a cultivar el alma que tan solo a ir de compras…Vi por cierto en la FIL uno de los modelos del Kindle y ojalá el Santa me traiga uno, aunque ya lo tengo por el momento en mi PC.

    Gracias como siempre por la orientada que me has dado.

  2. García Márquez dijo: “Cultura, es el aprovechamiento social del conocimiento”. Y tu con la agudeza que te caracteriza adviertes: “La cultura no opera como la sífilis o la gripe: no es contagiosa, no se “pega”. Implica no solo acumular, sino tamizar lo que aprendemos… ups después de ésto creo que mi bolsa en la FIL pesará menos, ojalá mi cerebro gane ese peso ja..,ja.
    Gracias como siempre muy valiosas tus reflexiones.

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