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22.- Aprender a habitar la Tierra


El escrito de hoy es, por mucho, la mejor oferta que van a encontrar en esta época navideña.

Se trata -¡ganga! ¡ganga!- de leer despacito las líneas que siguen y ahorrarse la complejísima lectura de Heidegger. Así es, escuchó bien: por la módica cantidad de unos cuantos minutos usted se ahorrará horas de trabajo neuronal! No dude más, llame al 1-800-ahorrame-a-heidegger y reciba su kit de iluminación filosófica personal!!! (ja, ja, ja! OK ya me salió la mercadotecnia que aprendí en mi infancia intelectual).

Así que hay les va lo que, después de seguirle la pista tres o cuatro años, creo que Heidegger quiere -le urge, necesita- que captemos YA (y que es la razón de fondo que me llevó a querer explorar este “Tao de la Mente Occidental”):

Que la verdad no es, como nos han querido hacer creer las religiones y gran parte de la filosofía Occidental, una proposición intelectual que debemos creer; sino una disposición de ánimo que debemos cultivar.

¡¡¡¿¿¿¿WHAT?????!!!!

Si, leyeron bien. La verdad para Heidegger no es una tesis o creencia, sino una disposición de ánimo. Y no se “encuentra”, se cultiva (lo siento por los que fueron a la FIL buscando el libro que los hiciera sabios de una buena vez).

Y es que cuando vemos la verdad como una proposición que debemos creer, esa verdad se endurece, se cierra, “creemos” en ella y la defendemos. No por nada esa verdad (que muchos escriben con V y que es el modelito exclusivo de Occidente) ha sembrado discordia y ha convertido al mundo en un infierno (como han hecho las religiones y no pocas teorías científicas). La Verdad así entendida es coercitiva: se impone sobre la realidad y pretende moldearla a su imagen y semejanza.

En cambio, cuando vemos la verdad como la ve Oriente, como una disposición de ánimo que debemos cultivar, buscamos formas de acercarnos a los demás seres, entenderlos tal cual son, respetarlos y apreciar su riqueza. Aquí no hay nada que defender y mucho que practicar. Practicar sobre todo esa mirada respetuosa que Max Scheler definía como “intuición del Misterio de las cosas”, un codearse con lo pequeño y sencillo y darse cuenta que nada hay en este mundo que sea (peyorativamente) sencillo o pequeño. Todo lo que hay es tremendamente grande y complejo (la próxima vez que vayan a matar una mosca recuerden esto: una mosca vulgar y corriente Drosophila tiene 13,000 genes de los cuales el 60%  los comparte con el ser humano, que tiene 30,000. Es decir los “amos del Universo” somos poco más grandes y complejos que esa inche mosca que tan alegremente aniquilamos).

Practicar ese respeto, nos recuerda Heidegger, era la verdad filosófica (también llamada sabiduría) original: más una práctica que un credo, más un respeto por el mundo que una imposición de nuestras creencias sobre el mundo. Más una disposición a cambiarnos a nosotros mismos que una urgencia por cambiar nuestro entorno.

Pensar en este sentido tiene tintes de meditación: es una práctica para aprender a estar con las cosas, un pensar reverente que hace posible habitar la Tierra. Habitar que, dice Heidegger, no es sino aprender a “vivir en paz y libertad, cuidando a cada cosa en su esencia.”

Como se come o con qué vinito combina este pensar, lo veremos la semana que entra.

3 comentarios en “22.- Aprender a habitar la Tierra

  1. ¡Ay!, y yo gastando el poquito “cash” que me queda comprando libros en la FIL (aunque algunos sean sobre Heidegger). ¿Así que para encontrar la verdad -o la Verdad- hay que aprender a conversar con las cosas? Se oye realmente misterioso y muy interesante. Creo que has despertado en mi la urgencia de aprender a disponerme para escuchar lo que esas cosas me quieren decir. Me parece que además de ahorrarme una lana, ese conocimiento y práctica de la que hablas me podrán ayudar a poner en paz esa inquietud -ridícula, me parece ahora- de querer saberlo todo. Me suena tu propuesta a que habrá diversión, reflexión y hasta iluminación…Además de las enseñanzas que nos seguiras compartiendo, ¿has pensado en ofrecer pronto un seminario o curso sobre el enigmático -y oscuro como Heráclito- Heidegger?…Me encantaría poder conversar con “Ser y Tiempo” y todas esas cosas que escribió y que nomás no entiendo.

    Gracias por la luz.

    1. Supongo que todo el que llega a la conclusión de que la Verdad es coercitiva tiene que encontrar formas de compartir la verdad persuasiva fuera de las instituciones que han hecho de la coerción espiritual un arte en sí mismo… Saludox!!!

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