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24. Ojos Nuevos


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Midas. Seguramente mis dos lectores se acuerdan de este legendario rey de Frigia al que le fue concedido su máximo deseo de convertir lo que tocara en oro. Lo que quizá mis dos lectores ya no recuerden es que cuando los antiguos contaban la historia de Midas, no era para envidiarlo ni aspirar a ser como él.

A diferencia de nosotros que hemos hecho del “toque de Midas” un valor aspiracional (ningún piropo póstumo se ha repetido más de Steve Jobs que el haber tenido el don de convertir lo que tocaba en oro), para los antiguos tener el toque de Midas era una maldición que si bien le dio al Rey una felicidad pasajera, al poco tiempo se convirtió en una pesadilla que le llevó a perder su familia y amigos, su paz mental, e incluso casi le cuesta la vida.

Privado de compañía humana (a todos lo que tocaba los hacía oro), aislado de todo y sin poder comer o beber, Midas finalmente entendió que si bien la riqueza era algo magnífico, hacerla el fin exclusivo de nuestros afanes -paradójicamente- empobrece la existencia. Así que cuando logró que Dionisios anulara el don, Midas se mudó a la campiña y se dedicó a estudiar música con el dios Pan (algo que, si le creemos al magnífico artículo de Pico Iyer en el suplemento del NY Times del Domingo, es cada vez una opción existencial más socorrida).

El problema de Midas es, según Heidegger, idéntico al nuestro: está tan cegado por el oro que ignora -hasta que los dioses se lo hacen ver- otros valores sin los cuales la vida no vale la pena.  Igual que Midas, el hombre moderno ve al mundo a través de los ojos de la ambición económica y por ello, escribe Heidegger, “ha convertido a la Naturaleza y al ser humano en simples artículos de inventario para el proceso de producción y sólo ve en su entorno objetos útiles, dispuestos para su uso y satisfacción personal” (“On the Origin of the Work of Art“).

Como Midas, ya no vemos árboles, ni aves, ni personas, ni manantiales. Vemos oportunidades de inversión, potenciales de negocio, socios para “hacer bisne”, empleados para nuestra empresa. Y, puesto que como dice Aristóteles, las viejas fábulas no mienten porque expresan verdades eternas de la naturaleza humana, en nosotros se cumple la maldición de Midas: somos unos ricos bastante miserables.

No sabemos mirar la realidad más que a través de la óptica utilitaria y en consecuencia, escribe Heidegger: “somos indiferentes a las posibilidades de la existencia, ajenos al asombro y prisioneros de la ignorancia de nuestra época” (y luego nos sorprende la “calidad” de contenidos de nuestra tele!). Habiendo hecho del mundo un almacén de mercancías vagabundeamos por la vida torturados -al más puro estilo de Midas- por la comezón de la novedad: lo nuevo -sean personas, teorías, actividades o cosas- nos atrae sólo para aburrirnos profundamente y empujarnos a un nuevo consumo que “esta vez si” logrará entusiasmarnos.

Lo que se nos escapa es que no necesitamos más novedades, ni actividades de mayor derroche de adrenalina para sacudirnos el aburrimiento existencial. Lo que necesitamos, dice Heidegger, es una nueva mirada, una mirada que -alejándose del egoísmo utilitario- pueda volver a apreciar la belleza y recuperar el asombro, fuentes de todo arte, investigación y espiritualidad (“What is Metaphysics?“).

Dicho en las inspiradísimas palabras de Marcel Proust: “El verdadero viaje del descubrimiento no consiste en buscar nuevos caminos sino en tener ojos nuevos.”

Hacernos un trasplante de ojos (oídos, lengua, piel y nariz) para renovar la mirada (el olfato, oído, tacto y gusto) es precisamente la especialidad del Dr. Heidegger y su clínica del “Tao de la Mente Occidental” (donde yo soy la humilde enfermera que les administra el jarabito filosófico en dosis homeopáticas). Y por cierto, su próxima cita con el Dr. Heidegger es el Viernes 21 de Enero.

10 comentarios en “24. Ojos Nuevos

  1. ¡Sensacional, Claudia! Como siempre. Yo no sé si siento que medio empiezo a entender a Heidegger o es tu prosa la que me hace creerlo…No importa, la mezcla de palabras que me conmueven como oro, valores, vida, arte, espíritu, poesía y mirada me producen un gozo que como siempre te agragezco heideggerianamente (o sea con todo mi Ser y a todas horas -o sea, todo el Tiempo).

    Gracias por ayudarme a tratar de ver el mundo con otros ojos (aunque de los que tengo, uno está subdesarrollado y el otro es miope; menos mal que hablamos de los ojos del espíritu…¿o no?…)

  2. Claudia….ya viste que no solo tienes dos lectores!!! Me encanto tu articulo. Muy sabio. Lo compartire. Ese Heideger me esta gustando….pero como dice tu amiga….asi condensadito esta mas sabroso!! Y prometo ser menos Midas!! Carinhos, Peggy

    1. No! Ya voy en tres (sin contar familiares)! Heidegger es una maravilla que descubrí hace un par de años, desde entonces le di “restart” a mi sistema filosófico y aunque apenas voy en kinder en aprender a pensar así, me pareció demasiado bueno para no compartirlo!

  3. Muchas Gracias Claudia por estos momentos tan gratos que nos regalas en tus artículos. Para mi, son de parte de todas esas cosas bellas que tenemos a nuestro al rededor y que muchísimas veces no percibimos.
    Mil Gracias por compartir tus conocimientos de una manera tan fácil, tan divertida,
    para gente como yo, ni tan profunda , ni tan conocedora. Un beso

  4. estoy lista para mi siguiente toma homeopática con otro de tus chanocs, porque yo prefiero saber de él de manera digerida y en dosis pequeñas ya que en directo causa alto grado de confusión y sin embargo tampoco quiero dejar mis tomas condensadas porque son un alivio para la vida diaria.

  5. Entre tú y Pico Iyer me hicieorn sentir como el caballero de la armadura oxidada.
    Qué cierto es eso de: We have more and more ways to communicate… but less and less to say…

    1. Hola Miguel, En efecto, pero creo que para entender la frase que citas hay que poner en contexto lo que Heidegger entiende por “Dios” y por “salvacin, que tampoco es la versin papal o religiosa. La idea completa viene de un poema de Heidegger basado en la obra de Hlderlin donde Heidegger dice: “Hemos llegado demasiado tarde para los dioses y demasiado temprano para el Ser, el poema del Ser, recin comenzado, es el hombre”. En “Ser y Tiempo” queda claro que recuperar esa nocin del Ser es precisamente el “Dios” de Heidegger y la “salvacin” de la Humanidad. Saludos!!

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