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Ocio en 3D


No sé mis dos lectores (iba a ponerles zoofílicos -por aquello de  “amigos del Zoo”-, pero me acordé que la palabrita ya está ocupada y no es precisamente piropo!), pero cuando yo era chica (utz, ya nevó!), por estas fechas con la devoción que otros guardaban para los altares y los muertos (o su pan) yo solía visitar mi modesto librero y echar un nostálgico ojazo al estante donde reposaba mi colección de libros de Julio Verne.

Ahí, mis pupilas invariablemente se enganchaban en un título que me hacía suspirar.

Y es que en cuatro palabras, el autor conseguía lo que todo buen título debe conseguir: resumir el contenido del libro, evocar un sentimiento y echar la imaginación a volar.

Yo tomaba aquel libro, lo sobaba y me quedaba horas mirando esas 4 palabras que me transportaban al mundo de las más fantásticas posibilidades.

Y no, el libro que me mantenía insomne la víspera del regreso a clases no era “De la Tierra a la Luna”, ni “20 Mil Leguas de Viaje Submarino”.

Mi libro de cabecera en aquel entonces era “Dos Años de Vacaciones”.

¡Guau! ¿Se imaginan lo que haríamos con dos años de vacaciones?

La mente no tarda en hacer proyectos y pensar un montón de cosas pero, pero, pero… la realidad -como bien sabrán mis dos lectores- es otra. Lo más probable es que si tuviéramos dos años de vacaciones no haríamos NADA (o, lo que es lo mismo, nos dedicaríamos a ver tele).

O, a ver, ¿quien es el valiente que en sus días de ocio hace todo lo que pensó que iba a hacer?

El asunto es que Viktor Frankl tiene razón cuando escribe aquello de que uno de los mayores problemas del ser humano moderno es que tiene cada vez más ocio y cada vez menos idea de qué hacer con él.

Nomás imagínense que comparados con los seres humanos de hace un siglo, tenemos 200% más tiempo libre entre vacaciones, sábados por la tarde y domingos.

Pero los puentes y vacaciones son ahora para el “réven”, la “huefa”, para “ver TV” o simplemente para “no hacer nada” y claro que cuando se acaban los días de asueto nos quedamos suspirando por más (Dos Años, plis!) para alcanzar a hacer todo lo que dijimos que queríamos hacer.

Regresamos al trabajo aquejados de la famosa “neurosis del tiempo libre” (que es una variante de la “neurosis dominical”) sintiéndonos frustrados y de malas porque el tiempo libre se fue demasiado rápido y hay que volver a la asfixiante rutina de siempre.

Pero aún si nos dieran esos dos años de vacaciones de Julio Verne, no haríamos nada porque -contrario a mis creencias escolares- el problema no es la duración de las vacaciones, sino la falta de una filosofía del ocio.

O, lo que es lo mismo, nos falta entender que todos los días del año pueden ser vacaciones y puentes si, en medio de nuestros trajines cotidianos, hacemos espacios para cumplir con las 3 dimensiones del verdadero ocio: Diversión, Descanso y Desarrollo.
Y es que como sostiene Roger Sue en su estudio del Ocio (Breviarios del FCE), el primer mito que hay que desmentir es que el tiempo de ocio es para no hacer nada.

El ocio tiene una función terapéutica para el cuerpo, la mente y el espíritu. Por eso, el verdadero ocio no es falta de actividad, sino cambio de actividad.

Saber estar “ocioso” es saber dar variedad a nuestra existencia, romper la rutina y, por encima de todo, aprender a balancear las tres dimensiones del tiempo libre: descansar porque el cuerpo así lo pide (y muchas veces el “descanso” que pide es que hagamos ejercicio), divertirse porque la mente es más productiva tras un breve periodo de distracción y, desarrollarnos porque a más alas le demos a nuestro espíritu mayores serán nuestros horizontes existenciales.

Y lo bueno de esta teoría del Ocio en 3D es que no necesitamos esperar a las próximas vacaciones o puente para ponerla en práctica y escapar pian, pianito de la neurosis de nuestro tiempo que no es otra cosa que esa pendientitis aguda que sacrifica la existencia en los altares de la eficiencia.

Basta con hacer un huequito (o varios) de 10 a 15 minutos en nuestros días, crear pausas que nos diviertan, que nos descansen y/o que nos ayuden a desarrollarnos: cosas simples como dibujar o leer la sección deportiva o de espectáculos de un diario (divierte), caminar o tomar una siesta de 10 minutos (descansa), leer un capítulo de un libro o escuchar un audiolibro en el trayecto al trabajo para aprender algo nuevo a diario (desarrollo).

Si aprovechamos estos huequitos y los fines de semana en actividades 3D -Diversión, Descanso, Desarrollo-, muy pronto nos daremos cuenta que -salvo que queramos ausentarnos físicamente del trabajo para darle la vuelta al mundo- no necesitamos 2 años de vacaciones para sentirnos -física, mental y espiritualmente- renovados y plenos.

Ahí si tienen tiempo -y no saben que hacer con el tiempo libre de este puente- les mando este videíto de 30 segundos para refrescar ideas…

PS. Después de dos semanas en que las brujas y fantasmas se metieron al Zoo y a algunos les aparecía un Error 404 en vez de mis sabias palabras (ja, ja, ja) ya hicimos limpia y corrimos a los espíritus chocarreros, así que si se los perdieron aquí pueden encontrar el post de la semana pasada y la anterior.

8 comentarios en “Ocio en 3D

  1. Cómo siempre querida Claudia un magnifico artículo. Que sorpresa saber que te “alimentaste” con Julio Verne y ¿qué me dices de E. Salgari, de H.G. Wells, de Asimov? Yo aún sigo leyendolos y soñando (sólo eso y a veces) sus aventuras; llevo 16 años sabaticos, los primeros por gusto, los siguientes por que ya no hay otra, pero ahí la llevamos o la sobrellevamos, con el gusto de ver el cambio de estaciones y asombrandome (todavía) de los colores y las caras de la naturaleza. Gracias por tus escritos. Un afectuoso saludo.

  2. Gracias Claudia por refrescarme con las 3D, ya no sabia que hacer.🙂
    Gracias… al menos surgen nuevas fronteras…

  3. Siempre me gusta leerte, querida Claudia. Tras tus travesuras lingüísticas hay una profundidad que nutre, alivia, acompaña. Va un beso.

    Enviado desde mi iPhone

    El 02/11/2012, a las 12:02, “El Zoológico de Yahvé” escribió:

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