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El Buen Fin…


Hoy inicia oficialmente la temporada de compras navideña con las promociones del llamado “Buen Fin”!! Y aquí en el Zoo creemos (el Espíritu Santo y su servilleta) que todos debemos sumarnos a la causa e iniciar los festejos de fin de año con el Buen Fin en mente…

Lo que no implica que los ande yo animando a ir de shopping a gastar lo que no tienen en cosas que no necesitan, sino todo lo contrario. Y es que a los dos lectores y medio que han seguido este blog ya les debe ir quedando claro que una de mis estrategias favoritas para hacer cambios existenciales bonitos y durables (a lo Plastimarx) son los micro-retos o retos hormiga, como éste de hacer huequitos de ocio en nuestros días, o éste para trabajar a pomodorazos de 25 minutos ininterrumpidos o este para deshacernos de 10 triques a la semana.

Desconozco si a ustedes les hayan funcionado (o si siquiera los hayan intentado). Yo, que comparto el gusto del Dr. Jeckyll y el Sr. Hyde de experimentar en carne propia, puedo reportar que los retos hormiga me han dado magníficos resultados ese año (una vez pasada la etapa de resistencia de mi Enano interior).

Y es  que, amén de ser modestos y realizables para cualquiera que tenga una dosis homeopática de voluntá, los microrretos logran lo que años de desear no consiguen: un avance diminuto pero firme hacia nuestros sueños.

De ahí que se me ocurra lanzar un micro reto llamado “El Buen Fin” (¡qué original!)

El Buen Fin

No sé si les haya pasado, pero pararse en un centro comercial en esta época es toparse con al menos una vieja neurótica que pretende que todo mundo se haga a un lado pues, según su única neurona disponible, solo ella tiene prisa u otras cosas que hacer; o ver un gandaya de esos que se jactan de ir todo los días al gym pero no dudan en estacionarse en el lugar de discapacitados demostrando su absoluta prepotencia y falta de sensibilidad hacia los demás.

El caso es que cuando los demás deberían ser nuestra prioridad en esta época (al menos en teoría se supone ese es el mensaje cristiano y raison d’étre de la Navidad), somos nosotros, nuestro ego, nuestras necesidades (tengo que hacer, tengo que conseguir), nuestro tiempo (no voy a alcanzar), nuestro dinero (qué le compro que sea bueno, bonito y barato?) lo que ocupa el 99.9% de los preparativos espirituales para la Navidad.

Siendo los humanos lo que somos, no nos vamos a convertir en la Madre Teresa de Calcuta de la noche a la mañana como pretenden algunos curas desde sus muy decorados púlpitos navideños.  Lo que si podemos hacer es aprovechar el mes navideño para practicar la amabilidad, la paciencia y el cuidado del prójimo aunque sea por dos segundos diarios.

Si, ya sé, el Enano interior más tardó en oír semejante propuesta que en empezar a vociferarnos al oído que ser buena gente en esta época es difícil: Hay demasiado qué hacer, demasiado que preparar, muchas preocupaciones y andamos a la corre y corre.

OK, Enano ya te escuchamos. Ahora te toca a tí: si Savater y 25 siglos de filosofía Occidental y Oriental no se equivocan este es el momento para demostrar de qué estamos hechos.

Digo, es fácil verse al espejo moral en tiempos de chicha calma y pensar que uno “no es tan peor”, o “es buena onda”.

Pero son los tiempos de agobio los que sacan a nuestro verdadero yo a flor de piel (el “Chucky” que todos llevamos dentro).

En palabras de Savater: “Todos somos buenos cuando la vida nos sonríe. Pero las virtudes son para los tiempos difíciles. No hay ética para los tiempos fáciles”.

Y a eso habría que agregar que es fácil practicar las virtudes con los nuestros, en casa, pero el verdadero reto es practicarlas con los desconocidos, en la calle.

Así que hay les va el reto “Buen Fin” 2012: regalemos 30 cosas en los 30 días previos a  la Navidad (se los estoy diciendo con anticipación para que lo negocien con el Enano).

No se me asusten: el “regalo” no tiene que ser dinero o una cosa (aunque no está de más regalar ese suéter que nunca nos ponemos a un indigente, o esos juguetes que están acumulando polvo en una habitación a un niño de la calle); puede ser regalarle a una sonrisa a la cajera agobiada (en vez de ponerle una carota porque hay mucha gente y no se apura), o regalarle el paso a un peatón o a un auto (en vez de echarle el carro encima pa que no se meta), o regalarle tiempo a un amigo, o la cena a un extraño, o echarle la mano a un anciano, recoger algún artículo que alguien más dejó tirado en el pasillo de la tienda, o -en el peor de los casos- regalarle una sonrisa a esa vieja neurótica que de seguro nos  vamos a encontrar en las tiendas…(lo que, además, es un gran remedio para no convertirnos en ella!!!)

El Buen Fin: Ser el cambio que queremos ver

Como otros retos, este tampoco suena a que va a cambiar nuestra vida  o nos va a hacer mejores personas. Y sin embargo, aun cuando no logremos hilar los 30 días, les aseguro que nos cambiará más que soñar con algún día irnos a la India a aprender meditación con el Dalai Lama o peregrinar al Santo Sepulcro con corcholatas en las rodillas (ouch!) o hacer cualquier otro alarde de piedad que no beneficia al prójimo.

La razón es que el micro reto nos lleva a la acción y ésta, de a poquito, modestamente nos  lleva a encarnar ese cambio que deseamos y que siempre acabamos posponiendo (voy a ser buena onda YA que pase Navidad, o ya que sea Semana Santa o cuando México gane el Mundial…)

Para muestra de lo que se puede lograr con estos micro-retos está  Cami Walker, una mujer que a los 35 años fue diagnosticada con esclerosis múltiple. Buscando un remedio a la depresión que siguió al diagnóstico y la pérdida de su vida normal, Walker fue a ver a una chamana que -si bien no la curó- si le dio un remedio a su depresión: regalar 29 cosas en 29 días…(29gifts.org)

En medio de su reto, Cami se olvidó de la depre y decidió fundar una organización para compartir los beneficios de dar (los que necesiten niñera que les recuerde el compromiso o quieran participar oficialmente en el reto pueden ir a 29gifts.org, incribirse y recibir recordatorios, porras y aplausos de los demás miembros de la comunidad).

Y esos beneficios no son otros que salirnos un poco de nuestro eterno e inacabable Yo-Mi-Me, ser generosos con nuestro tiempo, dinero y esfuerzo, y -aunque sea por unos minutos diarios- pensar en ayudar a los demás.

Mejor “Fin” todavía no se inventa.

6 comentarios en “El Buen Fin…

  1. Por lo pronto ¡una sonrisa enseñando los dientes! y una sugerencia para sugerir, sonriele a la vida para que ésta te sonría y te haga bueno. Un abrazo

  2. Me en encanto encontrar este espíritu preclaro! Me saca una sonrisa leer que sólo tienes dos lectores, jeje je, pero bueno hoy veo dos lectores y medio, espero seguir siendo parte de ese medio lector. Excelente fin.

  3. BRAVO CON TU MARAVILLOSO “BUEN FIN” NO CABE DUDA QUE TE LLEGÓ SUPER ACLARADA LA PRE NAVIDAD, ME PARECE LA MAS ATINADA PROPUESTA, PORRAS PARA MI QUERIDA Y ADMIRADA CLAUDIA.
    TRATARÉ DE PONERLO EN PRÁCTICA Y SOBRE TODO CORRER LA VOZ.
    UN FUERTE ABRAZO Y MUCHOS SALUDOS EN CASA.

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