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El Animal que Sueña Despierto


images-2No sé si les ha pasado, pero hay días que uno amanece platicando con gente que ni conoce personalmente. Por ejemplo, yo hoy amanecí platicando con el “Filósofo del Futuro”.

Traía la idea de hacer un escrito sobre la que para mí es una de las virtudes más importantes para la vida -la esperanza-, pero las definiciones tradicionales nomás no me convencían.

Y es que hablar de esperanza en estas fechas suena a ingenuidad o mochería:

La esperanza, dicen los cínicos, sólo la tienen los ingenuos con P.

Esperanza, dicen los mochos, es un don divino reservado para los creyentes.

Para los marxistas, la esperanza es sueño, alienación, resignación disfrazada, opio del pueblo.

En la calle, el concepto no tiene mejor suerte: para millones de seres humanos Esperanza es sinónimo de “ojalatismo”: ojalá se me haga, ojalá no me cachen, ojalá me gane la lotería, etc.

Ernst Bloch: El Filósofo del Futuroimages-3

Ninguna de estas definiciones, pensaba yo, se acerca a la Esperanza genuina.

Y fue ahí donde en mi soliloquio matutino se coló el “Filósofo del Futuro”.

Contra lo que mis dos lectores y medio puedan creer, no se trata de una creación de mi imaginación: “Filósofo del Futuro” es el nombre con que se conoce a Ernst Bloch, un pensador del Siglo 20 de origen judío, ateo por convicción y aristotélico-marxista de pensamiento (no confundir con el compositor Ernest Bloch).

Si no lo habían oído mentar antes es porque Bloch es una quimera, un ser fantástico que ni es de aquí ni es de allá; un filósofo cuyo pensamiento es “demasiado ateo para los cristianos y demasiado piadoso para los ateos” (o sea, un espécimen perfecto para este Zoológico de Yahvé!)

La Más Humana de las Virtudes

Bloch (o su espíritu) se metió en mi cabeza para recordarme que la esperanza no es como la pintan: ni es don divino, ni es resignación, ni es opio del pueblo u ojalatismo. Tampoco es ingenuidad o mochería.

Más bien, la esperanza es la más humana de todas las virtudes porque tú, yo, ellos, somos, ante todo, animales que soñamos despiertos.Daydreamer1

Nada, dice Bloch, es más humano que dejar que la vista se nos pierda en el horizonte y soñar con los ojos abiertos.

Soñamos una vida mejor, jugamos a remodelar nuestra realidad, diseñamos utopías imaginarias. Y es que el sueño diurno nos recuerda que aún no estamos donde queremos estar, que todavía hay mucho camino para llegar a la Tierra Prometida, que aún estamos en Éxodo.

El sueño diurno, para Bloch es el inicio de la esperanza. Es esa rendija hacia el mundo de lo posible que cada uno de nosotros mantiene entreabierta y por la que se cuelan noticias de un mundo mejor.

Es soñando con los ojos abiertos donde nos damos cuenta que el hombre no es un animal racional, sino un animal onírico que no se cansa de soñar con un Paraíso. Ya lo dijo Kant: “la felicidad no es un ideal de la razón, es un ideal de la imaginación”.

Imaginación y Acción

La imaginación se ejercita en esos momentos en que nos vamos de este mundo y soñamos con los ojos abiertos. Pero el sueño diurno -imaginar nuestra felicidad, imaginar un mundo mejor- no es aún esperanza, sino su preludio.

Soñar -Bloch concuerda con Marx y Freud- es utopía y opio, fuga del opresivo presente y de la realidad.

Para que el sueño deje de ser fuga y ojalatismo -para que la felicidad y mejora del mundo dejen de ser imaginarias- hace falta la voluntad para hacer realidad lo soñado.

Sólo entonces aparece la Esperanza genuina que es hija legítima de la Imaginación y la Acción: “Cuando el hombre cree en lo que sueña,” escribe Bloch, “es capaz de transformar al mundo.”

Y es cierto, todas las luminarias de la Humanidad han sido primero grandes soñadores: unos han soñado un mundo sin enfermedades images-1mortales; otros, sin injusticias; algunos más, sin crueldad o violencia, sin racismo, sin odios en nombre de Dios…

Y lo mismo puede decirse de los hombres y mujeres comunes y corrientes que han alcanzado la felicidad. Todos han soñado despiertos su realización…

Pero también es cierto que ni unos ni otros se ha quedado en el puro sueño, en el puro deseo de cambio, en el ojalatismo de la felicidad. Todos y todas han trabajado incansablemente por ponerle cimientos sólidos a los castillos en el aire que vieron mientras soñaban despiertos.

Y así llegamos a la definición que buscábamos: ese trabajo sordo, soterrado, constante y, seguro de la victoria final, es la esperanza.

Por eso Bloch la define no como ilusión o dádiva divina, sino como emoción militante, trabajo cotidiano, virtud práctica que despliega sus banderas y le planta cara a la desesperación con un final y definitivo “No pasarás”.

La esperanza, en fin, es el eslabón perdido entre nuestra realidad y nuestro ideal; es el cimiento que sostiene el sueño en la vida; y, es -por encima de todo- ese trabajo íntimo, paciente y riguroso que transforma lo que somos en lo que queremos ser.

Got Daydreams?

7 comentarios en “El Animal que Sueña Despierto

  1. Sin duda tus escritos remueven de nuestro baul de recuerdos y vivencias, reflexiones tales como lo que expresa Eduardo C. El anterior articulo era sobre el caminar solo, el presente articulo a mi me hace recordar el corazon de mis sueños y renovar mi energia para continuar por ese camino. Gracias Claudia.

  2. Querida Claudia, desde el fondo del cofre, salió la esperanza para convertirse en optimismo y empujarnos a alcanzar el horizonte, para encontrar que lo que vale es el camino. Un abrazo.

  3. Me gustó. No la había concebido como “virtud práctica” sino como don divino, como fuga empírea lejos de la realidad… Pero me gusta más la acepción entrecomillada.
    ¡Gracias por compartir!

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