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El Enemigo


SawingTreeLimbHeisSittingOn¿Quién es más inteligente que tú, te manipula, te seduce y prospera con tu mediocridad? (Pista: No es el Gobierno).

Es alguien que en el momento que decides hacer realidad tus sueños, te dice que es demasiado difícil, demasiado complejo, que nadie lo ha logrado, que son sueños de opio y fantasías guajiras.

Su argumento favorito es que “ahorita” no tienes tiempo, que te falta preparación, que necesitas más información, que estás muy cansado.

Él (o ella) está detrás de todos esos proyectos que iniciaste y abandonaste sin terminar. Es quien se ríe de tus propósitos y te aconseja no hacerlos. Es quien te sugiere echar un vistazo al mail o al facebook antes de ponerte a trabajar… para luego distraerte con decenas de pendientes sin trascendencia.

Es quien se pone en tu camino cada que decides “empezar a cambiar hoy”.

Un Amigo Poco Leal

self-sabotage-22-300x271Sus intenciones pueden parecerte buenas: te recomendará libros, te ayudará a buscar cursos, se pondrá a navegar el Internet por ti en busca de ese conocimiento secreto, esa receta del éxito, ese programa que te haga triunfador.

El problema es que él sabe perfectamente que nada de eso existe y por eso te sugiere esperar: su propósito es hacerte adicto a los libros de auto-ayuda, convertirte en un estudiante perenne de mil y un teorías, hacerte un maestro en el arte de posponer tus planes.

Bajo esa capa de amabilidad, su propósito real -no te engañes- es que jamás des pie con bola, que nunca des ese primer paso para cambiar lo que quieres cambiar.

Su nombre es…

La historia lo conoce con una legión de nombres: para Nietzsche es “El Enano”, para Steven Pressfield es “La Resistencia”, Caroline Myss lo llama “El Saboteador Interno”, Sun Tzu lo conoce como “El Enemigo”.

Llámesele como se le llame, su función es la misma: impedir tu crecimiento, negarse a dejarte trabajar, socavar todos tus esfuerzos e intenciones para ser una mejor persona, más realizada, más exitosa existencialmente.

Es un enemigo formidable porque jamás se rinde: si le ganaste el primer round y te pusiste a chambear, a correr, a meditar, ten por seguro que regresará a un segundo asalto con una nueva táctica: te dirá que no lo estás haciendo bien, que no sirves para esto, que estás perdiendo el tiempo, que eres demasiado viejo, demasiado gordo, demasiado pobre; que no tienes el tiempo, la capacidad, las conexiones…

Incluso se mostrará comprensivo: lo que quieres es una magnífica idea, pero no es el mejor momento. Ya lo intentarás cuando los niños crezcan, cuando el negocio funcione, cuando acabes de pagar el depa, cuando te retires…

Su objetivo

images-3Y mientras te da palmaditas en el lomo se está riendo a tus espaldas porque sabe que ya te tiene: que pospondrás tus planes y proyectos hasta que sea demasiado tarde, hasta que solo te quede el lamento “si hubiera…”

Este es su perverso plan: alimentar gusanos con un ser humano infeliz, frustrado, pleno de potencial derrochado (¡yum, yum!).

Y lo más triste del caso es que en la mayoría de los casos, el Enano gana, pues su argumento más convincente y seductor es también el más inocente: hacerte permanecer en tu zona de confort.

Durmiendo con el Enemigo

Por eso es tan importante que conozcas al Enemigo, que lo hagas tu íntimo y comprendas cada una de las estrategias que usa contigo: ¿Acaso te susurra al oído que no eres lo suficientemente bueno, que te faltan conocimientos, que a tí no te dieron oportunidades, que tu situación es demasiado difícil?

¿O, más bien te sugiere que no es el momento ideal, que hace demasiado frío (o calor), que estás demasiado ocupado, cansado, agobiado por la vida?

¿O le funciona mejor conducirte al Internet, al Xbox, al iPad, a la tele y “darte chance” de echar un ojito antes de ponerte a hacer lo que dijiste?

know-your-enemy3Escúchalo, ponle atención. Si te gana hoy, no hagas drama: ponlo en el score pero no te olvides de revisar en la noche cómo y por qué te ganó. Hazte una buena idea de cómo el Enano te manipula a TÍ.

Si. No te engañes: el Enano a todos nos manipula usando nuestras debilidades más obvias. Es flojo. Por eso lo mejor que puedes hacer es observarlo de cerca, entender cómo opera, hacerlo trabajar para ti.

¿Quien domina a quién?

Y si lo sigues el tiempo suficiente te dará la clave para derrotarlo: te revelará tu Talón de Aquiles. Y una vez que entiendes cómo y dónde eres vulnerable, puedes empezar a vencer al Enano: sabes que la próxima vez que te invite a ver el Face “un ratito” es para ya no dejarte trabajar hoy, que si te sugiere ir por un café es para que pierdas tiempo valioso.

Con ese auto-conocimiento ya puedes negociar: en vez de caer en la trampa que te tiende, lo pones a chambear y le prometes que tan pronto como termines este proyecto vas al face, cuando hayas completado cuatro Pomodoros (dos horas) de trabajo stop-self-sabotage-subliminalininterrumpido vas por el café, checas el mail, vas a echarle un ojo a tu granjita virtual…

Ahora quien tiene el sartén por el mango eres tú, pues las “irresistibles tentaciones” del Enano se convierten en alicientes para lograr las metas que te propusiste y no naufragar permanentemente en la mediocridad que el Enano desea para ti.

A ver quién es más fuerte…

2 comentarios en “El Enemigo

  1. Cuanta verdad, Claudia. Ese infame Enano quiere que estemos como él de enanos, y cúantas veces lo logra el muy canijo !! Supondría que frente al Enano habría que llamarle al “Gigante que traemos dentro”, como ya nos lo dijera, entre otros, Tony Robbins. La cosa es que el Enano grita a veces con más fuerza que el Gigante o, peor tantito, es más bien al que le damos prioridad. Miraré a ese Enano más de cerca, como bien nos lo aconsejas. Ya te platicaré cómo va la lucha “Enano” contra “Cabellera”…Y no saques por favor anticipadas conclusiones, mejor échame porras !!

    Te mando un saludo y abrazo gigantones, a ver si mirando a la grandeza en todos sus formatos, algo se me pega.

  2. ASI ES MI QUERIDA CLAUDIA,ESE P…….ENANO NO NOS DEJA LLEGAR A CONCLUIR NUESTROS PROYECTOS Y SI NOS DEJAMOS CONVENCER NI SIQUIERA LOS EMPEZAMOS. EN CONCLUSIÓN: “AL ATAQUE MIS VALIENTES”

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