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Dinero 3: Lo suficiente


ALGO HUELE MAL EN EL REINO

1-04-06-badsmellsVivimos, in duda cabe, en tiempos enfermos. No importa donde vivamos o quien seamos, ni pa’ donde volteemos. A todos, como al Hamlet de Shakespeare, nos llega ese pernicioso tufito que anuncia que “algo huele mal en el Reino”.

Algo huele mal en una economía que deja fuera al 80% de los seres humanos. Y en una TV que nos entretiene a base de violencia y sexo. Y algo huele mal en las formas como matamos nuestro tiempo libre (o más bien como él nos mata a nosotros). Y en los fines para los cuales trabajamos. Y en nuestra forma de tratar al Planeta y todo lo que lleva a bordo…

Algo huele mal y si ponemos a investigar el origen del tufito que nos llega -cual ama de casa en el refri-, nos daremos cuenta que gran parte del mal olor procede de una misma fuente.

¿Y cual, se preguntarán ustedes es el maloliente recipiente que está envenenando nuestro mundo?

Veamos si lo podemos deducir de algunas de las epidemias que aquejan a nuestra cultura actual:

Según un censo del 2008 hay en el mundo cerca de 1.4 billones de seres humanos obesos,

Hay cerca de 140 millones de alcohólicos,

Alrededor de 96 millones de ludópatas,

Hay 93,100 personas cuya fortuna se estima en más de $30 millones de dólares per capita, mientras el 80% de la población mundial (unos 5.15 billones de seres humanos) viven con $10 dólares diarios o menos.

UN PROBLEMA DE LIMITES

Ahora vayamos a la fuente del mal olor:

Quitando un 20% que se estima son obesos por razones genéticas o enfermedad, el 80% restante llega a esta condición porque no sabe cuando ha comido suficiente.

Lo mismo ocurre con el alcoholismo: más allá de ciertas causas genéticas, el alcohólico se hace porque no reconoce cuando drunk-hahahahahahaha-24255440-1024-768ya ha bebido suficiente.

Un ludópata llega a apostar la casa y la fortuna porque le es imposible reconocer que ya ha jugado suficiente.

Y una persona que acumula cantidades obscenas de dinero claramente nunca ha pensado que ya tiene SUFICIENTE.

Así que ahí lo tienen, en blanco y negro: el causante del mal olor es ni más ni menos que el haber perdido (o quizá nunca habernos planteado) los límites de lo “SUFICIENTE”.

Cuestión más o menos curiosa si pensamos que nuestra cultura Occidental nació allá en Grecia precisamente de la investigación de los límites y las proporciones.

DE LÍMITES Y PROPORCIONES PERSONALES

Claro que alguien puede interrumpirme en este momento y decir: ¿y todo eso que tiene que ver conmigo? Yo no soy ni millonario, ni ludópata, ni alcohólico, ni obeso…

Por eso quizá no esté de más examinar el concepto de “límite” en vivo y a todo color en un contexto -literalmente- más cercano a casa.

Empecemos por el clóset: ¿Lo que tenemos ahí es lo necesario, lo suficiente, más que suficiente o demasiado?

632345_f520¿Y en los cuartos de los niños?

¿En la alacena?

¿El garaje?

¿La bodega?

¿La sala de juegos?

¿La biblioteca?

Seguro que si hacemos un esfuerzo analítico, nuestra respuesta conforme pasemos mental (y realmente) por cada cuarto de la casa irá de “más que suficiente” a “demasiado”…

Y es que la mayoría de nosotros deambulamos por la vida sin jamás plantearnos la diferencia entre lo que queremos y lo que necesitamos.

¿Queremos ese otro par de zapatos o lo necesitamos? ¿Cuantas camisas o blusas realmente necesitamos? ¿Cuantas las compramos nada más porque nos cerraron el ojo, o porque estaban de oferta o porque andábamos depres y nos fuimos de shopping?

No digo con esto que nuestro guardarropa debe parecer el de un monje de claustro. Lo que digo es que mientras no hagamos consciente la diferencia entre lo que queremos y lo que necesitamos seremos fáciles víctimas de la manipulación de publicistas, diseñadores de aparadores y vendedores a los que les tiene muy sin cuidado nuestro bienestar real pues a ellos les pagan por vender.

EL SECRETO MEJOR GUARDADO DE LA CULTURA DE CONSUMO

Como bien dice Lynne Twist: el secreto mejor guardado de la cultura de consumo en que vivimos es que, el día en que lleguemos a la conclusión de que tenemos lo suficiente, ella muere.

Así es, amiguitos: el concepto de “límite a lo que puedo y debo tener” es a la cultura de consumo lo que la Kryptonita a Supermán, el crucifijo a Drácula y el Anillo de Frodo al Ojo de Mordor…

Porque si nos damos cuenta de que tenemos lo suficiente, dejamos de ser ese toro (buey?) que embiste ciegamente cada trapito rojo, cada oferta, cada producto que le ofrecen.

Si nos damos cuenta que tenemos lo suficiente, pensamos antes de dar el tarjetazo o, lo que es lo mismo, dejamos de ser credit_card_drowningperros de Pavlov que salivan al escuchar las palabras “oferta”, “descuento”, “venta nocturna”, etc, etc, etc.

Si nos damos cuenta que tenemos lo suficiente, creamos un espacio interior entre el estímulo del entorno (oferta, oferta) y nuestra respuesta (sacar el biyeye que tanto trabajo nos da ganarnos). Y ese espacio interior no es otra cosa que nuestra libertad.

Y ya libres de la tiranía de los comerciantes, quizá dejemos de consumir y nos dediquemos a disfrutar.

Quizá nos dé por sustraerle horas a nuestra jornada laboral para pasar tiempo con nuestros hijos o para aprender algo nuevo, o ayudar a otros.

O a lo mejor se nos ocurre que nuestra felicidad tiene más que ver con Ser y Hacer que con tener y comprar.

Claro que todas estas consecuencias significarían el suicidio de la cultura de consumo y la crisis de más de algún vendedor y anunciante. Por eso su publicidad trabaja 24/7 en hacernos creer que si tan sólo tuviéramos el nuevo producto, el modelo más reciente o el más exclusivo o el más caro, etc, etc y etc, seríamos felices…

Pero lo cierto es que por el camino del MÁS no se llega a la Felicidad.

Se llega, diría Nietzsche, cuando nos damos cuenta que -al margen del monto de nuestra fortuna personal- el dinero o nos hace libres o nos hace esclavos.

O, dicho de otra forma: el dinero o nos permite disponer de nuestro día para dedicarlo a actividades y experiencias que nos enriquezcan como seres humanos o nos encadena al insaciable molino de la productividad y el consumo.

Ay’ cada quien escogerá lo que prefiere… Una casa llena de triques y el estrés de traer la tarjeta de crédito al límite o tener lo necesario y tiempo (y paz mental) para disfrutarlo.

La semana que entra: Dinero y Espíritu

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