El dios de Gulliver


gulliver1Allá por 1726 cuando traer reloj de bolsillo comenzaba a ser una moda, cuando los relojes sólo tenían dos manos y no marcaban segundos, ni milisegundos, ni nanosegundos, los habitantes de la Isla de Liliput descubrieron que el dios de Gulliver era un tirano.

Aquél gigante que a los Lilliputenses se les antojaba todopoderoso cargaba su peculiar dios en el bolsillo y “jamás hacía nada sin consultarlo”: el dios le ordenaba cuando levantarse, cuando comer, en qué momento trabajar y cuando descansar.

El dios de Gulliver era exigente y estaba perpetuamente enojado: apenas consultar su ceñudo rostro de cristal, el gigante se daba cuenta que iba tarde, que nunca alcanzaría a cumplir todo lo que el dios ordenaba…

Allá en los albores de la época Moderna, con esta maravillosa metáfora Jonathan Swift develaba una de las características de nuestro tiempo: la prisa y la tiranía del reloj a la que todos estamos sujetos.

Como Gulliver tenemos demasiado que hacer, demasiados lugares a donde ir, demasiada gente que ver, demasiado entretenimiento…

Nuestra agenda es hoy el dios tiránico de Gulliver, meneando la cabeza y frunciendo el ceño, repitiendo sin cesar: vas tarde, vas tarde, vas tarde…

El Remedio: Tragar

Para mantener contento a nuestro dios, los hombres hemos inventado la prisa.

Si, leyeron bien: la prisa es un invento del hombre blanco. Como bien dice James Gleick: “los relojes que nos impulsan son, por supuesto, nosotros mismos”.
Por muy víctimas del entorno que nos sintamos, somos simultáneamente tirano y esclavo, la mano que maneja el látigo y la espalda que la recibe.
Porque lejos de recortar las actividades de nuestra agenda para darle a cada una un tiempo adecuado, las sometemos todas a la lógica de la prisa:

Hoy ya no se lee, se “escanean textos”;
ya no se conversa, se “chatea”;
ya no se escribe, se “twittea”;
ya no se concentra, se “multi-taskea”;
ya no se tiene ocio, se consume entretenimiento.
Bajo la tiranía del dios de Gulliver,  -dice Erich Fromm- hay que
overstuffed-lori-deiter“consumir y asimilar artículos, espectáculos, comida, bebida, cigarrillos, gente, conferencias, libros, películas; todo se consume, se traga”.
Intelectual, moral, emocional y físicamente nos alimentamos de “fast food”: Nuestra sabiduría es una colcha de remiendos de citas de libros y pensadores que no hemos leído;

Nuestra ética está hecha de eslóganes que caben en una calcomanía;
Nuestras emociones tienen la profundidad de un “meme”;
Nuestro cuerpo se alimenta de Big Macs.
No nos extrañe que vivamos estresados: El mundo es cada vez más complejo -intelectual, moral, emocional y físicamente- y nuestra capacidad de lidiar con él es cada vez menor porque no se puede lidiar con lo complejo con ideas, sentimientos, relaciones hechos de prisa.

Lo que perdemos

Hoy nuestra vida está  literal y metafóricamente “hecha de prisa”. Lo malo es que como dicen los Elfos de la Tierra Media de Tolkien, no hay profundidad con prisa.
Si el tren va hecho la mocha me pierdo los detalles, veo apenas bultos borrosos de color. Y ahí radica la verdadera tiranía del dios de Gulliver, dios de la Edad Moderna: en hacernos creer que le ganamos sin darnos cuenta de la enormidad del sacrificio que nos exige.

Cantidad por calidad

 Hoy hacemos muchas cosas, pero disfrutamos muy pocas.

Leemos mucho, pero no salimos de la ignorancia,
Hablamos, chateamos y tuiteamos hasta el cansancio, pero nos sentimos solitarios,
Compramos y consumimos sin parar, sin conseguir la felicidad,
Comemos de prisa, sin nutrirnos ni saborear, ni profundizar en la vida de los que comparten la sal con nostros.
Nos entretenemos las 24/7 y nos mata el aburrimiento.
Y es que disfrutar toma tiempo. También aprender algo. Y ni se diga de hacer amistades. O rezar. Apreciar. Agradecer. Pensar. POSTER-SLOW-DOWN-MEDFormarse una opinión. Escuchar. Contemplar. Conversar. Comprender.

En suma: todo lo que le da al ser humano profundidad -intelectual, moral, emocional, física-, toma tiempo.
Pero no tenemos tiempo o, más bien dicho, no nos lo damos: llevamos el dios de Gulliver en la muñeca. Y aunque su ubicación haya cambiado, los Lilliputenses tenían razón: es un dios tiránico.

15 comentarios en “El dios de Gulliver

  1. Querida Claudia, otro artículo mas, pero aunque he dejado de hacer cosas, me doy cuenta que lo faltante no es tiempo sino calidad y profundización sobre ese tiempo,

  2. Claudia, me pasa que al leerte me voy ya sintiendo más ligera (de equipaje, de tiliches, de presiones, de la esclavitud de la prisa), y veo por los comentarios anteriores que a las y los demás les pasa algo parecido y que te hemos extrañado en ese Zoológico que nos invita a vivir más sabrosamente nuestra humanidad. Te agradezco tus convocatorias a reflexionar, a no dejarnos embaucar en la cultura fast, en darle un giro de luz y de paciencia a nuestros días.

  3. Claudita, que razón tiene tu artículo!!! Ese afán de ser multitask hasta al psicólogo me llevó! Ups!!! Creo que lo más difícil es establecer nuestras propias prioridades, como ya nos lo has hecho ver en otros artículos, y de allí, ir hacia adelante. Pero, cuando quiere uno hacer de todo, acaba, como bien lo mencionas, no disfrutando ni asimilando nada bien, lo ves borroso, como ese tren que va a toda velocidad y no te deja admirar el paisaje,excelente analogía!!! Buenísimo tu artículo. Saludos!!!

    1. Gracias, Tocayita. La prisa creo yo es la enfermedad del siglo. La felicidad, como nos dijo mi compadre Ari, no consiste en invertir nuestra energía en muchas cosas y acabar haciéndolas mal, sino elegir unas cuantas hacerlas bien y disfrutar el proceso. Te veo en la noche!!

  4. No obstante, la puntualidad se ha perdido. Ese respeto a los demás y a la responsabilidad, ya no se da. “Despacio que estoy (o voy)de prisa”. Un afectuoso saludo (con calma y serenidad)

    1. Hola Ed! Pero la impuntualidad es también culpa del dios de Gulliver: queremos meter tantas cosas en el día que nos vamos comiendo un minuto aquí y otro allá y con esos minutos se va la serenidad para atender al otro en tiempo y forma. Abraxo de boomerang!

  5. ¡¡Claudiaza!! Pero ¿por qué nos abandonaste tanto tiempo? ¿En qué o en dónde te fallamos? No dejes por favor que la inteligencia -poca o mucha- el corazón y el alma nuestra se transofrmen en desierto. Supongo, a modo de consolación, que tu ausencia se debe a que algo grande has cocinado -o al menos bebiste de las fuentes insondables de la inspiración divina- y que pronto nos harás partícipes de ello. Y si decides no participarnos tus hallazgos, al menos sigue por favor alimentando la esperanza de que la inteligencia, la generosidad y la sabiduría existen, y que a fuerza de reflexionar y razonar como tú lo haces, un mundo mejor -sin la clase de “líderes” que actualmente nos rodean por todos lados- es en verdad posible.

    Recibe por favor un abrazo afectuo. Gracias por seguir compartiendo lo que piensas. Creo que a muchos nos ayudas a ver mejor y más lejos.

    1. Mi muy querido David,
      Un placer para mi compartir mis piensos por esta vía. El abandono se debió a un transtorno neuronal llamado Heidegger. Me trae de un ala con eso de que me está enseñando a pensar… si vaya o no a salir algo grande no lo sé, pero quizá nuestro mundo no necesite más cosas grandes sino más bien recordar las pequeñas, que es lo que intento en este blog. Mando un fuerte abraxo hasta tus latitudes. Claudia.

  6. Me encanta que estes de nuevo con nosotros. No sabes lo que te disfruto!
    El dios de Gulliver, mos trae de la gamarra. Buena tarea de reexion nos dejas. Gracas Claudia

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