Havel chambeando en la Cervecería

La Revolución de la Cerveza


Sissi Emperatriz
Sissi Emperatriz

Allá en mis años mozos, cuando la Cortina de Hierro acababa de caer, se me metió entre ceja y oreja hacer un tour de mochilazo por Europa visitando las tres grandes capitales cerveceras del extinto Imperio Austro-Húngaro: Münich, Viena y Plzen.

OK, los fans de Romi Schenider y las películas MK (Moco y Kleenex) como “Sissi”, “Sissi Emperatriz” y “Sissi y su Destino”, recordarán que Münich no estaba en el Destino de Sissi (o el Imperio de su marido), pero si en el mío porque en aquel entonces me iba enterando que en el centro del Viejo Continente se reconocen tradicionalmente tres estilos de cerveza: la Viena (oscura), la Münich (Lager) y la Pilsener (Clara).

Y, puesto que  estaba decidida a definir cual de las tres me gustaba más, necesitaba probarlas en sus ciudades de origen. (Ja, ja, no se crean, pero es buena excusa, no?).

El verdadero objetivo de mi viaje era un poco más académico: visitar Praga A.M. (Antes de McDonald’s) para reproducir en mi mente el que -para mí- fuera uno de los momentos más luminosos del oscuro siglo 20: la Revolución de Terciopelo de mi ídolo Václav Hável.

La Revolución de la Cerveza

Y la Caída del Comunismo que tiene que ver con la cerveza, preguntara algún lector al que el Alzheimer no le haya borrado el disco duro y recuerde que esta es la última entrega de nuestro mes cervecero.

Pues muy sencillo: resulta que la “Revolución de Terciopelo” -nombre con el que se conoce la caída del régimen comunista de Checoslovaquia en 1989-  bien pudo llamarse la “Revolución Pivó” (Revolución de la Cerveza) porque dicha rebelión se tramó y se ejecutó magistralmente entre las espumas de las dos chelas nacionales: la Pilsner y la Budweis (aunque los checos dicen que esto de que tienen dos cervezas nacionales es una mentira occidental, ellos cuentan tres: la Malé Pivó (cerveza chica, 300 ml) la Velké Pivó (Cerveza grande, 500 ml) y la Tuplák (doble o sea de a litro pa’ que amarre!!).

Y no podía ser de otra manera ya que los checos son la nación con el mayor consumo de cerveza per cápita en el mundo con 160 litros anuales (o sea que si los cálculos no me fallan, cada checo se echa sus 400 ml al día de este líquido manjar). La razón (dicen) es  que bajo el comunismo -cuando todo estaba prohibido y la gente no tenía dinero- beber cerveza en los bares era el pasatiempo nacional (mismo que no tardamos en adoptar los aztecas).

Este pasatiempo hizo a los checos capaces de sostener sesudas discusiones sobre el rumbo que debía tomar el País y los hizo pacientes a la hora de exigir cambios al Gobierno:

Havel chambeando en la Cervecería

“Supongo -dijo alguna vez el líder de la Revolución y Presidente Checo Václav Hável- que beber cerveza en los bares fue una buena influencia para nuestra sociedad porque, como la cerveza contiene menos alcohol que el vino, el vodka o el whisky, los checos podemos hablar horas de política sin volvernos locos” (Propuesta patriótica: Chelas al Senado y a la Cámara de Diputados!)

Y miren que Havel sabe de lo que habla, pues como hombre perseguido y disidente no sólo se reunía con sus colegas en el bar (donde el ruido del ambiente impedía a la policía secreta StB monitorear sus conversaciones) sino que allá en la década de los 70s, cuando el gobierno comunista le prohibió publicar sus obras y lo obligó a trabajar como obrero, el futuro Presidente de la Nación se consiguió una chamba rodando barriles y cargando sacos de malta en la Cervecería Pivovar Krakonos Trutnov (y luego hay quien se preocupa por el curriculum!)

Crónica de una Caída Anunciada

Y por si todavía dudan de los efectos salutíferos de la chela para el alma y el hemisferio derecho (que, Jung sugiere, son una y la misma cosa) les cuento que es  en la Cervecería donde a Hável se le abrieron nuevos horizontes para su escritura pues de su experiencia de estibador saldrá la trilogía de obras de teatro sobre la vida de Ferdinand Vanek, el ayer ego de Havel que inspirará a toda una Nación a organizar la Revolución de Terciopelo.

En la primera obra de la trilogía, que apenas dura 20 minutos y se consumen 9 cervezas, los dos personajes dejan entrever la diferencia entre tener una ética de principios y una de consecuencias. Vánek, que es el ciudadano checo común y corriente actúa por principios; Sládek, que es el burócrata comunista calcula medrosamente las consecuencias que sus actos tienen para su bienestar personal.

Havel, Clinton y Albright siendo felices…

Al final, Havel siempre supo que al final su causa triunfaría. Y más seguro estuvo de ello cuando comenzó a cumplirse aquella profecía de la novela de Jaroslav Hasek “El buen soldado Svejk” donde dice que “aquel gobierno que suba el precio de la cerveza, caerá antes de un año”.

Los comunistas duplicaron el precio de la cerveza checa en 1984. Cuatro años después, se los llevó la Revolución de Terciopelo… Moraleja a los políticos: No se metan con la chela.

El Fin del Oktoberfest

Se acaba Octubre y -aunque nos ha quedado a deber con los cielos azules y el frillito sabroso-, con él se va nuestra celebración de la cerveza. Espero  les haya quedado claro que esta noble bebida no le pide nada cultural, médica, religiosa, músical o políticamente a sus colegas de mayor prosapia.

Y si todavía no les convencen todas las razones que les di, ni les persuaden los argumentos de Dionisos, Nietzsche, Paracelso, Lutero, Hegel, Napoleón o Hável para ir al refri por una helada, me queda solo recordarles aquel aforismo de Benjamin Franklin que dice así: “La cerveza es prueba de que Dios nos ama y quiere que seamos felices”. Amén. Mil gracias, Octubre!

8 comentarios en “La Revolución de la Cerveza

  1. Excelentes tus publicaciones sobre la cerveza. Me gustaría que nos ilustraras (también) con el origen de la cerveza pero en tierras nacionales. Ojalá algún día se pueda.
    Saludos.

  2. Lástima que terminó el festival de…..las chelas Claudinas, me dejaste picada con tus historias cerveceras,a ver que escusa inventas para seguir ilustrándonos al respecto, ojalá te inspire el thanksgiving!!!! Salud!!! Por la salud mi querida Claudia con una helada Viena…..

    1. Pero pronto volveremos con más diversiones… Ja, ja, no te apures mi querida Irma las excusas en este tema me sobran (no podía ser de otra manera con mi genética tequila!). Abraxo hasta Chula Vista!

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