Spinoza luciendo su cabellera

Israel y Los Libros (2)


Spinoza luciendo su cabellera
Spinoza luciendo su cabellera

Como lo prometido es deuda, en este Zoo donde se da cita la más diversa fauna creada por Yahvé seguimos con nuestra celebración de Israel y los libros cara a la FIL 2013.

Y nuestro invitado de hoy es Baruch Spinoza, un judío excomulgado por su comunidad que pocos de nosotros hemos leído pero que, no obstante, ha dejado una huella profunda en nuestro espíritu moderno (ay les va: si  piensan que las religiones organizadas son fábulas para controlar a la raza y/o negocios clericales basados en la superstición, tienen una deuda intelectual con Spinoza). 

No se ustedes, pero según yo hay muchos criterios para leer un libro: el primero es que nos lata, el segundo que nos lo recomienden nuestros amigos.

El tercero -y para mí, el mejor- es que nos lo “des-recomienden” o prohíban las autoridades espirituales y/o civiles (no hay mejor educación liberal que leerse los libros prohibidos por el Index de la Iglesia).

Ese es el caso del Tratado Teológico-Político (Tractatus) de Baruch de Spinoza, un libro que -de haber sido bistec- hubiera salido del fuego bien cocido (gratis aquí).

Un Libro bien cocido

Todos sabemos que entre los libros judíos y el fuego hay una afinidad sorprendente. Desde el Concilio de Letrán hasta los Nazis, pasando por Lutero, la quema de bibliotecas judías ha sido uno de los pasatiempos favoritos de los “buenos cristianos” (alguna ventaja tendría que tener no serlo).

Y es que ya lo dijo Heinrich Heine: ahí donde se queman libros se acaban quemando también seres humanos. Sin duda todos aquellos que han querido destruir a un enemigo saben que las ideas sobreviven a sus autores. Y las ideas viven en los libros.

El libro "made in Hell"
El libro “made in Hell” los libros.

Por eso resulta sorprendente que haya llegado hasta nosotros un libro como el Tractatus: una obra  calificada como “la más peligrosa jamás publicada y “escrita en el Infierno”, según sus detractores (excelente obra aquí)- que además de sustituir a la Tanak como el pilar de la civilización occidental, logró “cabrear” no a una, sino a tres, grandes religiones: el judaísmo, el calvinismo y el catolicismo (¿como no va a valer la pena leerlo?).

Un Cherem por una idea

Spinoza, judío de Amsterdam de orígenes Portugueses (aka el Cristiano Ronaldo de la Filosofía), parte de la idea de que “es imposible ser filósofo sin molestar la paz” (oh, yes!). Y esa “paz” tiene mucho que ver con la ignorancia y la fe ciega en la tradición religiosa (¿ya va quedando claro por qué a las tres religiones arriba mencionadas les gustó Spinoza para hacer fajitas kosher?)

Con la Cábala, Spinoza cree que lo que llamamos religión revelada es la idea de Dios producida por un cerebro de ½ watt. Pero Spinoza no se queda ahí: concuerda con Maimonides al decir que los Profetas reciben sus “revelaciones” mediante visiones, voces, sueños o apariciones.

Nomás que -a diferencia de Maimonides que supone un intelecto privilegiado en los Profetas- Spinoza nos recuerda que todas estas actividades pertenecen al hemisferio derecho del cerebro o, en palabras de Spinoza, “a la facultad imaginativa, no a la racional”.

De donde se sigue, dice Spinoza, que un Profeta no es otra cosa que un ignorante con una gran imaginación y habilidades narrativas para contar cuentos, parábolas e historias que exciten los miedos y las esperanzas de la gente irracional (utz! Lo van a curtir en limón!)

Por eso, dice Spinoza, “nunca debemos acudir a las religiones en busca de conocimientos sobre fenómenos naturales o espirituales”. Lo más que nos pueden ofrecer las religiones organizadas es un método de “control social para gente irracional” (y si algo sobra en este mundo, añade el buen Baruch, es gente irracional por lo que el método es válido y nos beneficia a todos).

Pero para la gente racional la religión organizada no ofrece nada, puesto que una persona pensante es capaz de saber que la “verdadera palabra de Dios no está escrita en ningún libro, ni es monopolio de ninguna religión: está inscrita en la mente y corazón del ser humano” y se llama ética.

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Por sus ideas e intento de subvertir las bases del poder clerical, a Spinoza, los judíos de Amsterdam (que eran los más liberales de todos) le aplicaron el “cherem” o, lo que es lo mismo, lo excomulgaron y le hicieron el “córtalas, córtalas para siempre” (si les interesa la biografía de Baruch les recomiendo la excelente novela de Irvin Yalom “El Problema de Spinoza”)

Pero nada detuvo las ideas de Baruch de Spinoza. Libre de tener que aparentar creer en la mitología de su pueblo, Spinoza se dio a la tarea de pensar y por esta vía se convirtió no sólo en el “Filósofo de la Alegría” sino -como recién se ha reconocido- en el verdadero padre del espíritu moderno (por encima de René Descartes).