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Proyectos de Amor


Los dos lectores de este blog se sorprenderán seguramente de este intempestivo post dominical. Pero yo soy de las que creen que lo mejor es publicar cuando se tiene algo que decir y no por obligación del calendario. Y hoy tengo algo que decir…

Ayer decidí no volver al Facebook en un buen rato. Me molesta la capacidad de publicar estupideces de quienes ahí pasan sus mejores horas del día. Cosas como “No lloren por París, lloren por Líbano”, o  “Por qué nadie llora por los Nigerianos?” o babosadas sublimes como “No puedo orar por París, mientras México sangra”.

Los fesibukeros se han convertido en jueces morales que nos dicen por quién debemos y por quien no debemos llorar, los actos que nos deben doler y los que no, las causas que hay que apoyar y las que no merecen nuestra atención. Nadie puede sentir, orar, llorar por algo sin que otra persona se lo prohíba o cuestione. Y eso, a la hora buena, lo único que logra es aumentar el cinismo en que vivimos.

Cuando veo estos regaños feisbukeros, yo prefiero pensar sobre la línea de los “Proyectos de Amor”  del ganador del Premio Nobel de la Paz de 1952, el suizo Albert Schweitzer.

408534f80966fea3f1905db99197680dSchweitzer que, además de ser tío de Sartre, era teólogo, músico, filósofo y médico, se hizo acreedor al premio Nobel por su labor como misionero médico en Gabón, África. Trabajó en pro de los aldeanos, de sus niños y de los animales que ahí encontró. Quizá porque su corazón era más grande que el de muchos de nosotros, nunca se le ocurrió pensar que tenía que escoger entre mitigar el dolor de unos u otros. Los ayudó a todos.

Y fue ahí, en sus años en el llamado “Continente Olvidado” donde Schweitzer desarrolló la idea de que, para vivir bien, cada quien debe encontrar y comprometerse con su propio “Proyecto de Amor”.

En el mundo moderno, dice Schweitzer, hay una creciente tendencia a la homogeneidad: la realidad económica, social y mediática nos empuja constantemente a pensar, actuar y vivir como “piensa, actúa y vive” todo el mundo (o, en la coyuntura actual, llorar por quien llora todo el mundo).

Esa tendencia no es sorprendente si consideramos que la nuestra es una sociedad de consumo masivo que prospera cuando todos adoptamos los mismos hábitos, deseos, modas y estilos de vida, etc.

Lo que si sorprende, dice Schweitzer, es que incluso quienes se las dan de vivir al margen de la sociedad homogeneizada -los predicadores, gurús, activistas y ahora feisbukeros- también promueven la homogeneidad espiritual o social al exigirnos a todos creer en los mismos dioses o involucrarnos en las mismas causas que a ellos les llenan el ojo.

Y así, por ejemplo, los activistas a favor de la vida humana critican a quienes prefieren defender a los perros, ballenas o árboles. Por su lado, quienes se dedican a proteger el ambiente critican a quienes están en contra del aborto o los anticonceptivos. O, en el caso que nos ocupa, hay gente que regaña a quienes lloran por París porque -según ellos- deberían llorar por Líbano o por Siria o viceversa.

El caso es que si lloras o sientes algo de corazón, si apoyas una causa porque te conmueve, estás equivocado y deberías apoyar a otros o sentir de otra manera. La idea de los predicadores del “Face” es que su visión, y sólo su visión, su causa y sólo su causa, es incluyente y correcta.

Aquí es donde la idea de “Proyectos de Amor” de Schweitzer entra en escena porque, dice el Nobel de la Paz, cada uno de nosotros es único y como tal, siente un ‘amor especial’ por ciertas cosas, actividades o individuos que a los demás les pueden parecer tontas, irrelevantes o indiferentes (a mi -¿qué quieren?- me derriten los perros).

Sin embargo, son esos amores especiales -estos “Proyectos de Amor” personalísimos- los que le dan sentido a nuestras vidas y vitalidad a nuestro deseo de ayudar.

Hacemos una diferencia en el mundo -escribe Schweitzer- cuando nos comprometemos con aquello que nos importa, no con aquello que los demás dicen que ‘nos debería importar’ y cuando construimos nuestros Proyectos de Amor en torno a lo que nos motiva, no en torno a lo que -según los demás- debería motivarnos”.

Cuando le exigimos a los demás que sientan empatía por las mismas causas que a nosotros, le hacemos un flaco favor al mundo que decimos amar. Primero porque al exigir a otro que se solidarice con nuestros proyectos inhibimos el desarrollo de sus propios Proyectos de Amor.

Y segundo, porque si todos nos embarcáramos en el mismo proyecto, muchas otras causas quedarían desprotegidas y el mundo sería bastante menos hermoso sin ellas (¿se imaginan un mundo lleno de niños pero sin árboles, sin perros o sin ballenas o sin aire puro que respirar?)

Por eso, dice Schweitzer, lo mejor es agradecer que a diferentes personas les importen diferentes causas y -en vez de burlarnos, criticar sus esfuerzos o inhibir sus lágrimas- deberíamos celebrar la maravillosa diversidad de la que es capaz el corazón humano.

Así que hoy que estamos viviendo la peor crisis de humanidad de la historia reciente, no está de más recordar que cuando le preguntaban a Schweitzer cual era el mejor servicio que se podía prestar al mundo, su respuesta era:

Encuentra tu Proyecto de Amor y trabaja en él con todo tu corazón al margen de lo que opinen los demás. Deja que tu corazón te guíe hacia aquellas cosas que te hacen sentir compasión y encuentra la forma de ayudar ahí”.

Por eso, si a tí te late apoyar a los Sirios o Libaneses y no a los Parisinos, o ti te conmueven más los migrantes o  los de Ayotzinapan, apóyalos con toda el alma  y deja que los demás apoyen a quien su corazón les diga. Al final, lo importante no es consensuar a quién hay que apoyar, sino apoyar a quien lo necesita con obras y de corazón.

22 comentarios en “Proyectos de Amor

  1. Comentario extra Sensei: Me diste en la pata de palo recordándome a mi personaje favorito desde la juventud (la mía) hasta hoy. Descubrí su vida y obra allá en tiempos regios. Junto a Gandhi (no la librería) eran y son mis súper héroes dándome trabajo pensar que no son de ficción. A propósito ambos amaban a los animales no homínidos (y hasta los homínidos). Saludos a Gandalf II El pequeño saltamontes. Date: Sun, 15 Nov 2015 19:55:13 +0000 To: nemacru@hotmail.com

  2. Como siempre: claridad, sencillez al explicar. Quienes defendemos proyectos a ultranza queriendo que sean los nuestros los únicos importantes o apoyables, no nos estamos convirtiendo un poco en los extremistas que hoy criticamos? Gracias por escribir en domingo algo que nos de un poco de luz y apertura en momentos difíciles para todo el mundo. Gracias MAESTRA¡¡¡

  3. Me encantó!! Cada quien su causa, su proyecto, sus amores, su carisma. Muy bien dicho, querida Gnóstica.

  4. Hasta que leo algo sensato y que aporta!
    No puedo coincidir mas contigo mi querida Claudia, apoyemos lo que mas nos mueva, lo que sea, pero apoyemos a los demás

  5. Teacher: ¡que maravilla es leerte! coincido en todo, pero no hubiera podido expresarlo tan claro como tú😉 por lo que ahora compartiré mucho tu entrada. Es asombrosa la tendencia que tenemos a menospreciar, más que a respetar. Seríamos tanto más felices, y el mundo un lugar mejor, si cada quien se ocupara de sí mismo (de manera preferencial de ver qué hace rodar el hámster de su cabeza). ¡No nos abandones en el facebook, ni en tu blog! Si no te veo antes, seguro el próximo semestre😀

  6. Excelente y muy necesario tu blog, si me lo permites lo comparto. Saludos y no dejes de escribir, porque la huella que dejas es eterna.

  7. Esto es DE LO MEJOR QUE HE LEÍDO sobre el tema en mucho tiempo. ¡Muchas gracias por tu reflexión! Supongo que no tienes idea DEL BIEN que haces a los que te seguimos y a los que leen tus artículos compartidos por nosotros.

  8. Como Siempre Claudia, la cordura y sensatez te caracterizan. Gracias por compartirnos tus razonamientos. Buen fin de semana!! Ana Luisa Miramontes

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